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Examinación detallada del proceso de entrenamiento antiladridos para tu perro

Esta sección te proveerá con un profundo análisis del entrenamiento antiladridos. Está escrito para todos aquellos que deseen entender el detallado mecanismo que implica entrenar a un perro. Si no estás familiarizado con estos conceptos necesitarás poner mucha atención y aprender unos cuantos términos nuevos. Si lees cuidadosamente aprenderás no solo a mantener a tu perro callado y feliz, sino también sobre comportamiento humano, lo cual nunca te lo esperarías de una lección para perros.

Sin embargo si lo que buscas es una guía rápida y precisa para entrenar a tu perro haz click en Explicación rápida: Cómo entrenar a tu perro para evitar ladridos excesivos.

La historia de Oso

Por allá de los noventas atravesé medio país para mudarme a mi nueva casa en South Bend, Indiana. Me dieron un plazo para terminar mi tesis, trabajaba de tiempo completo en ello y se suponía que debía entregarla por escrito, así que me la pasaba escribiendo en mi escritorio día tras día.

Desafortunadamente mi escritorio estaba ubicado en contra de una pared que daba hacia el exterior, a más o menos un metro de esa pared se encontraba una cerca de alambre la cual separaba mi casa rentada de la propiedad del vecino. Medio metro mas allá de la cerca estaba Oso, un perrito cautivo encadenado a una casa para perros, Oso era un ejemplar macho descendiente de una mezcla de perros de pastoreo.

La casa de los dueños de Oso tenía forma de rectángulo, estaba situada en dirección Este/Oeste. Sus dueños se pasaban mucho tiempo en frente de la casa, la cual era la parte Oeste. Por su parte el perro estaba encadenado en la parte de atrás, el extremo Este de la propiedad.

La intención de estas personas era poner al perro lo más lejos que les fuese posible , entre más lejos de donde ellos estaban mejor, pero en el proceso situaron a Oso de tal forma que este nunca se encontraba a más de 3 metros del lugar donde yo estaba trabajando.

Los ladridos de Oso eran para ellos un sonido en la distancia, algo casual que ellos escuchaban una o dos veces al día, pero para mí era algo constante, siempre allí, justo afuera de mi ventana. El perro estaba normalmente dentro de mi campo visual y lo podía escuchar a todas horas arrastrando su cadena, como una versión peluda de Jacob Marley.

Yo estaba encadenado a mi escritorio, esclavizado con todo el trabajo de la tesis encima y Oso estaba encadenado a su casa para perros. Éramos como Sydney Portier y Tony Curtis en la película "Fugitivos", excepto que nosotros no éramos fugitivos, tampoco nos odiábamos mutuamente y buenoŠ tampoco estábamos desafiando a la ley.

Lo que quiero decir es que estábamos definitivamente atascados el uno con el otro, sentándonos a solo unos metros de distancia, todo el día y toda la noche.

Oso era la "vista panorámica" de la ventana oeste de mi casa y muy a menudo me sorprendía a mi mismo observándolo mientras me esforzaba por pensar en las palabras correctas para formar una tesis coherente. Me atrevo a decir que en un solo día yo veía más veces a Oso que lo que su dueño lo veía en seis meses.

Alguno de los dueños saldría una vez en la mañana y otra vez en la tarde para aventarle su comida y cerraban la puerta de inmediato En muy raras ocasiones alguno de ellos hacía un superficial y patético intento de algo que parecía una demostración de afecto: le daban una palmadita en la cabeza, ¡pero eso era todo! Este era el total de atención que Oso tenía por parte de sus dueños.

Oso ladraba, ladraba, ladraba, ladraba y ladraba. Y ladraba, ladraba, ladraba y ladraba. "GUAU, GUAU, GUAU, AUUUU AUUUU, GUAU, GUAU, GUAU, ARF, ARF, GUAU, GUAU. ¡Ladraba!, ¡Ladraba!, ¡LADRABA! Tenía una garganta muy practicada en ladridos, era todo un maestro en este arte.

¿Y yo?, yo sólo sufría, sufría, sufría, ¡cómo sufría!, pero no era solamente por culpa de Oso. Otro de mis vecinos tenía un perro que también ladraba a todas horas. Este otro perro estaba situado justo afuera de la ventana de mi dormitorio. Así que no dormía bien y tampoco podía tomar una siesta durante el día, porque a esas horas ambos perros ladraban.

Para hacer las cosas aun peores no estaba avanzando con mi tesis. Este tipo de cosas necesita mucha concentración. Cada vez que trataba de enfocarme en mi trabajo, toda mi concentración se perdía por ladridos repentinos que disparaban mi adrenalina, hacían que mi corazón saltara del susto y que mi sistema nervioso se alocara.

Es la misma experiencia física que te ocurre cuando piensas que estás solo y cuando menos te lo esperas alguien te medio mata del susto. Cada vez que lograba sumergirme en mis pensamientos Oso me asustaba de nuevo. Pude haber disminuido el susto tratando de no pensar tan profundamente, pero bueno, mi meta era tratar de concentrarme. Mover el escritorio no hubiera solucionado nada. Las partes de la casa en las que el escritorio hubiese entrado estaban localizadas en los lugares favoritos para ladrar del otro perro.

Las cosas se salieron de control, al punto que tuve que hacer algo, pero la policía no estaba autorizada para intervenir, el departamento de control animal era un real y magnifico cero a la izquierda, y por supuesto, los dueños de Oso no iban a ponerse en acción tan fácilmente. Así que con dolor en el corazón por tanta mala experiencia fui a hablar con la "familia" de Oso

Los dueños de Oso

Caminé hacia el frente de la casa de los vecinos, toqué la puerta y una mujer de treinta y tantos salió. Le dije donde vivía y le comenté que quería hablar con ella acerca de Oso.

-"Lo escucho" -me dijo, Lo que en realidad me quería decir era: "vamos a ver con que estupidez me sales"

-" Bueno, lo que pasa es que ladra demasiado"

- "¿Ah si?" - Esto lo dijo en un tono de sospecha que se traducía como: "¿Porqué diablos me estás diciendo esto?, ¿a ti qué te interesa?, ¿qué es lo que en realidad quieres?"

- "Es que en serio el perro ladra bastante y me molesta mucho".

- "Si," - contestó, - "Ladra todo el tiempo."

- " Oiga, ¿no ha pensado en entrenarlo?"

- "¡Lo entrenamos pero no aprendió nada! Es demasiado estúpido."

- "¿Y porqué no lo lleva con un entrenador profesional?"

-" De hecho lo llevamos con un entrenador. Ese entrenador lo llevó con otros dos profesionales, y todos estuvieron de acuerdo que el perro no puede ser entrenado."

No lo dije en voz alta pero me quede pensando: "A ver, déjeme digerir esto: tiene usted un perro que ladra todo el tiempo y definitivamente no puede ser entrenado, el pobre ladrará para siempre. ¿y la solución al problema es encadenarlo exactamente bajo mi ventana, donde ustedes lo han dejado prácticamente abandonado?". Este es el tipo de cosas que escuchas de gente abusiva que por desgracia tiene perros. El mensaje es: Mantener a este animal me sale muy caro, así que te voy a hacer sufrir para cobrármelas todas juntas.

Pero antes de que pudiera responder ella dijo -"Venga en la noche cuando mi esposo esté en la casa" - y cerró la puerta de un golpe.

Se fue tan abruptamente que tardé varios segundos en darme cuenta de que la conversación se había terminado. Caminé a mi casa desesperado porque sabía que hablar con el esposo no tenía ningún sentido, no lograría tener una conversación productiva con esa gente.

Sabía (por mis largas observaciones) que Oso era muy inteligente. Si sus dueños pensaron que era "estúpido" o "retrasado" es porque no sabían ni pizca sobre perros. Supe inmediatamente que la señora de la casa me dijo mentiras, trató de convencerme que un entrenador profesional declaró a Oso "un caso perdido".

Sin excepciones, a todos los perros se les puede enseñar cuando ladrar y cuando no ladrar. Cualquier entrenador se hubiera dado cuenta inmediatamente de que Oso era brillante y muy capaz.

La "familia" de Oso llegó a la conclusión de era "estúpido" porque no pudieron hacer que dejara de ladrar, pero vamos a checar el método que usaron. No me cabe ni la menor duda de que ocurrió así: Oso empezó a ladrar mucho, ellos salían a veces para gritarle "CALLATE". Cuando se dieron cuenta de que los ladridos continuaban y no había forma de callarlo empezaron a golpearlo .Como eso tampoco funcionó concluyeron que era estúpido y se dieron por vencidos. Fueron testigos de que Oso se negó a dejar de ladrar y tomaron esto como evidencia de que el perro era un retrasado mental. Pero yo supe que eso solo ratificaba mi teoría: Oso era muy inteligente y tenía sus razones para ladrar tanto.

Si quieres entender porqué alguien se porta como se porta, necesitas echar un vistazo a lo que pasa después de su comportamiento. Oso solamente ladraba ante determinados estímulos. Solo ladraba cuando había gente alrededor. Habían frecuentes partidos de basketball cerca del lugar donde Oso estaba, algunos peatones caminaban por allí también. El perro aprendió que si le ladraba a la gente, y estaba de suerte, algunas de esas personas caminarían hacia él para regañarlo o ver que le pasaba. También aprendió que si no ladraba para nada seguiría siendo un prisionero solitario en la casa de gente que al parecer no sabía que existía.

Oso era un Ladrador Social, atraía a la gente llamándolos hacia donde él estaba y algunas veces le resultaba. Oso no era estúpido. El sabía que si dejaba de ladrar su vida social se acabaría, lo cual es inaceptable para un perro. En otras palabras, pasaría muchísimo tiempo solo.

Si quieres algo bien hecho

No me agradaron mis opciones. El ruido me estaba volviendo loco pero estaba comprometido con un contrato de renta para la casa. Por otra parte de haber podido mudarme me hubiese costado mucho, las rentas en general estaban altas, los otros lugares eran demasiado caros. Estaba segurísimo de que si presionaba a los vecinos para que se responsabilizaran del perro, la vida en el vecindario se convertiría en el campo de batalla de la Tercera Guerra Mundial. Supe que aun si trataba de dialogar con ellos, si trataba de hacerlos entender, al final, después de toda la presión , las molestias y el esfuerzo, era muy probable que el perro continuaría en la misma situación, afuera , solo y ladrando.

Ya estaba trabado en una lucha intentando conseguir que mi otro vecino entrenara a su perro. Cada encuentro con ese señor fue desagradable e improductivo. La última cosa que quería hacer era tener que pelear con dos dueños irresponsables simultáneamente. La única forma en que podía terminar con el dilema era si yo, personalmente, entrenaba a Oso, pero eso me presentaba otra sarta de problemas insuperables.

No es broma, entrenar a un perro para que no ladre es muy simple. Solo le das un golpecito o te aseguras que algo desagradable pase inmediatamente después de cada ladrido. Si esto lo aplicas el suficiente tiempo, el perro dejará de ladrar. Pero no iba a ser tan simple con Oso.

No vi posibilidades de que los dueños de Oso me permitieran entrenarlo, así que no pedí permiso. Como mostraban tan poco interés en el perro supuse que si lo entrenaba no les importaría para nada, al menos no lo suficiente para meterme en problemas. Y por supuesto, no quise darles la oportunidad de prohibirme hacerlo.

Dado que iba a entrenar a su perro sin permiso necesitaba tener muchísimo cuidado para no pelearme con ellos. Me imagine que si por casualidad miraban hacia fuera y me veían en su propiedad, especialmente en su propiedad disciplinando a su perro se enojarían y yo estaría condenado a un infierno de ladridos por los muchos meses por venir.

Así que, ¿cómo entrenas a un perro que no puedes disciplinar o castigar de ninguna forma y ni siquiera te está permitido entrar a la propiedad donde está?

Este no es un tipo de problema en el que fácilmente te encontrarás, pero aun así quiero iniciar mi explicación del entrenamiento antiladridos hablándote sobre mi intervención con Oso, para que de esta forma asimiles que han habido 70 años de ardua investigación sobre el mecanismo del condicionamiento operante. Sabemos porqué los perros se portan como se portan, porqué hacen lo que hacen y desde hace un buen tiempo conocemos las técnicas para cambiar y redirigir su comportamiento.

Corrigiendo el comportamiento de tu perro

Presta mucha atención a esta sección, porque si comprendes lo que voy a decir estarás en camino de asimilar el mecanismo fundamental que gobierna el comportamiento animal. Hay una fórmula que consiste de tres elementos indispensables que puedes usar para corregir malos comportamientos. Si la empleas apropiadamente, el resultado será que convencerás al perro de que ladrar es demasiado problemático y no vale la pena. Al mismo tiempo vas a hacer que el perro disfrute dejar de ladrar. El mismo método funciona también con los humanos. Si aprendes bien podrás controlar por completo el ambiente del perro, funcionará sin fallas. Aquí esta la fórmula.

La fórmula para corregir malos comportamientos:

  • Primer elemento: Refuerza la respuesta opuesta al comportamiento que quieres eliminar

  • Segundo elemento: Elimina drásticamente todo lo que este fortaleciendo la mala conducta

  • Tercer elemento: Siempre castiga el comportamiento que quieres eliminar

Primer elemento: Refuerza la respuesta opuesta que sea incompatible al comportamiento que quieres eliminar

Un perro puede que ladre o haga algún ruido irritante en cualquier momento, pero también puede que se este callado. Es obvio que no puede hacer las dos cosas al mismo tiempo: o ladra o se está callado. Por esto es que ladrar y estar en silencio son respuestas opuestas incompatibles.

Oso no ladraba cada segundo del día, a veces se quedaba callado. Lo que a mi me interesaba era aumentar la cantidad de tiempo que se quedaba callado. Si quieres acrecentar el tiempo de un comportamiento (por ejemplo estar en silencio) tienes que dar un premio. Puedes premiar mientras o inmediatamente después de que el perro se porta bien. Si esa recompensa hace que el perro (o la persona) responda correctamente de nuevo, entonces podemos decir que ese premio es un "reforzador de conducta".

Parte de mi plan era hacer que Oso se quedara callado por el premio o estímulo positivo. Lo que me quedaba por decidir era que tipo de recompensas iba a usar como reforzadores de conducta.

Cuando tienes frecuente contacto físico con mucha gente y durante toda tu vida, no tienes ni la menor idea de lo que es vivir aislado. Uno no se imagina la profunda ansiedad y el infinito deseo de contacto físico que tienen aquellos que han estado en soledad por años, cada oportunidad de tocar o ser tocado es como un sueño hecho realidad.

Oso estaba en esa condición: estaba hambriento de afecto. Con todo el gusto del mundo se hubiese quedado callado si el estar en silencio le hubiese brindado compañía y contacto físico. Pero hasta ese momento de su vida el silencio solo le había originado soledad.

Se hizo claro que podía usar mi presencia física y un buen masaje como reforzadores de conducta para este perrito. El plan era esperar hasta que se quedara callado, entonces yo me tomaría un minuto libre para salir a mimarlo y darle las últimas noticias sobre mi trabajo escolar.

Como comenté antes: las dos propiedades estaban separadas por una cerca de alambre que tenía varios metros de altura, la parte de arriba no estaba asegurada a ningún poste. Oso aprendió que si se paraba y presionaba la parte de arriba de la cerca con sus patas delanteras, esta se vencía con su peso y quedaba casi horizontal al suelo.

Oso era un perro extremadamente solitario, cada vez que yo salía él presionaba la cerca e intentaba treparse en ella, quería quedar lo más cerca de mí que le fuera posible. Esto ponía al perro en mi propiedad y me daba la oportunidad de tener contacto físico con él sin violar ninguna ley.

Para un perro solitario y abandonado los masajes y la conversación son premios grandiosos, pero para un perro que tiene hambre la comida es el mejor estímulo. A Oso rara vez le daban suficiente comida, estaba flaco, flaquísimo, tan flaco que hablé con la Sociedad Protectora de Animales para ver que se podía hacer. Me dijeron que no podían hacer nada, solo podrían intervenir si el perro estaba a punto de morir de inanición. Oso no se estaba muriendo, pero estaba muy, muy flaco. Desgraciadamente no hay una ley que le impida a una persona medio matar de hambre a un animal.

Hambriento o no, el pobre perrito siempre quería comer y se hubiese quedado callado con tal de tener una croqueta en el estómago. Oso anhelaba tener compañía, pero la comida era lo mejor que le podía pasar.

Por supuesto, premiar a Oso por estarse callado no lo iba a hacer dejar de ladrar, esta disciplina por si sola no funciona, pero le dió la oportunidad de entender: cuando uno no ladra, cosas muy buenas pasan. Por primera vez era premiado por estar callado. Es mucho más fácil cambiar un viejo hábito cuando tienes una buena alternativa para reemplazarlo. También hace que el perro sufra mucho menos el cambio.

Segundo elemento: Elimina drásticamente todo lo que esté fortaleciendo la mala conducta

Recuerda: los reforzadores de conducta son las cosas que recompensan al perro durante o inmediatamente después de su comportamiento, es un incentivo que ocasiona que el perro responda de la misma forma una y otra vez. Por ejemplo, cuando tomas un helado te sabe rico, por eso es que comes más. El helado estaba delicioso y eso reforzó tu conducta para comer más.

Oso se dio cuenta de que si ladraba en presencia de la gente, ellos algunas veces reaccionarían pasando algún tiempo con él. El resultado fue que empezó a ladrar cada vez que veía gente. Esa fue la razón por la que su problema de ladridos empezó y por la misma razón era que continuaba.

Para eliminar un problema de conducta debes primero eliminar lo que lo fortalece. Para Oso, sus ladridos eran su única oportunidad de interactuar con la gente, lo que significaba que para hacer que Oso dejara de ladrar, primero tendría que convencer a la gente para que dejaran de acercarse a acariciarlo o socializar con él cada vez que ladraba, en pocas palabras: tenía que hacer que la gente dejara de reaccionar a sus ladridos.

Tercer elemento: Siempre castiga el comportamiento que quieres eliminar

Definido a grandes rasgos: un estímulo negativo es algo que una persona (o un perro) preferirá evitar. Si quieres disminuir el número de veces que un mal comportamiento es realizado, necesitas mostrarlo como desagradable cada vez que suceda, siempre después de que suceda. Ese proceso se llama castigo. Es importante notar que no es necesario que los castigos sean hoscos. Puede ser algo tan simple como una mirada de desaprobación, o un "No" en tono de reprimenda.

Por eso es que otra parte de mi plan era hacer que Oso considerara el ladrar como algo negativo. Solo necesitaba decidir que clase de castigos usar. .

Sabía de antemano que usar "No" jamás me funcionaria, pero generalmente es buena idea empezar con lo mas obvio. Así que en mi primer intento usé "no" como castigo. Oso ladró como loco y yo salí enojado diciendo en voz alta: "¡No!, ¡No!, ¡No!" El me miró perplejo: le di algo en que pensar, reflexionó por varios segundos y luego continuó ladrando. Después de varios de estos intentos ya ni siquiera hacia pausas, me ignoraba completamente. .

Recuerdo que hace años caminaba en una zona cubierta con pasto con "Acero", mi Pastor Alemán, lo tenía caminando sin correa en ese momento. No me dí cuenta de que un gato del vecindario estaba escondido por allí, al aproximarnos salió de su escondite y corrió a una velocidad increíble buscando saltar la cerca más cercana para resguardarse. El perro salió disparado como flecha atrás del gato y yo grité "¡NO!". Acero trató de frenar de golpe, pero estaba corriendo tan rápido que su repentino intento hizo que se resbalara en el pasto mojado. Puso sus patas delanteras estiradas hacia adelante y su trasero en la tierra para lograr detenerse. Patinó varios metros en esa posición, sentado y moviéndose fuera de control, como automóvil con los frenos trabados. Cuando por fin logró detenerse, yo de alguna forma conseguí parar mis carcajadas para llamarlo y elogiarlo abundantemente. Estaba satisfecho con él, así que él estaba satisfecho de sí mismo.

Acero dejaba de hacer lo que estuviera haciendo cuando escuchaba "No". Siempre cumplía la orden porque le funcionaba sin excepciones. Cosas buenas le pasaban cuando obedecía "no", por eso es que siempre se esforzaba en cumplir. Por otro lado siempre hice que las cosas se tornaran desagradables cuando no obedecía la orden, siempre, cada vez que ocurría. .

La palabra "no" tenía dos significados para Acero. Uno era: "Deja de hacer eso inmediatamente". El sabía que un segundo después de escuchar esa palabra en ese tono de voz, algo bueno o algo malo iba a pasar. Todo dependía de cómo se portara después de escuchar la orden. Si se quedaba quieto y se portaba bien: algo bueno pasaba, si se detenía por un segundo y luego continuaba el mal comportamiento: algo desagradable pasaba. Como Acero era un perro al que no le gustaba ser castigado siempre obedecía y estaba feliz de hacerlo. .

Para Oso las cosas eran diferentes, para él la palabra "No" no tenía significado. El ladraba y yo salía. Desde su perspectiva esa era una situación perfecta porque así él tenía compañía, ¡y no solo eso!, todavía quedaba la posibilidad de que alguna persona de afuera viniera a unirse a la fiesta. Desde su punto de vista las cosas se tornaron maravillosas: ¡los ladridos estaban funcionando mejor que nunca! No le importaba quedarse ahí ladrando histéricamenteŠ al menos alguien estaba con él. Después de la comida eso era lo mejor que le podía pasar. Es obvio que en esta etapa no tenía posibilidades de controlar a Oso con órdenes o amenazas. .

Si Oso hubiese sido mi perro, yo simplemente hubiera dicho la palabra "no" y en seguida le hubiera dado un golpecito en la nariz, usando dos de mis dedos. El golpe hubiera sido suave para no lastimarlo, pero usado de tal forma que el prefiriese no vivir de nuevo la experiencia. Tu perro pronto dejará de ladrar y entenderá el significado de "No" si aplicas esto después de cada ladrido. Este plan no funcionaría con Oso, necesitaba entrenarlo sin pasar a la propiedad de los vecinos, no podía caminar hacia el perro y castigarlo. El perro tenia que cruzar la propiedad y venir hacia donde yo estaba para poder tener contacto físico. .

Imagina este escenario: Oso ladra .Yo salgo y lo llamo. El se acerca a mí y le doy un golpe en la nariz por ladrar. Oso entendería el golpe como un castigo por acercarse cuando lo llaman. Así que la siguiente vez que ladra y yo salgo y lo llamo él se niega a acercarse. Me quedaría en las mismas condiciones, excepto que en vez de observarme a distancia gritando "NO", me estaría observando a distancia llamándolo. .

Oso se me acercaría para ser acariciado y alimentado, en general se acercaría para que lo premiara, pero no se acercaría para ser castigado, al menos no por mucho tiempo. Así que deseché la opción de usar el golpecito en la nariz como estímulo negativo. .

Hay dos formas de castigo: puedes darle al sujeto algo que no quiere (como un golpecito en el hocico), o puedes retener algo que desea. Es obvio que con Oso tendría que usar la segunda opción. .

El primer elemento de la fórmula para corregir malos comportamientos consiste en: reforzar la respuesta opuesta que es incompatible con el problema que quieres eliminar. En el caso de Oso eso significaba que yo le daría un masaje, una croqueta o le hablaría como premio por estar callado. Una vez que aprendiera este mecanismo, yo tendría el control y estaría en posición de castigar sus ladridos reteniendo lo que le gustaba.

Improvisando un plan que funcione

Recuerda: para terminar con un problema de conducta uno de los elementos esenciales es la eliminación de todo aquello que esté fortaleciéndolo. El reforzador de conducta que hacía que Oso ladrara era su oportunidad de interactuar con la gente, por eso es que empecé por hablar con la gente que a veces respondía a sus ladridos. Les explique la situación y les pedí que en el futuro no se le acercaran mientras estuviese ladrando, ellos aceptaron sin problemas.

Cuando se elimina todo lo que fortalece la mala conducta lentamente, para que el perro "no sienta el cambio", el resultado es que los ladridos continuarán, siempre en presencia de todo aquello que los solía disparar. Por eso es que me asegure de hablar con todos, absolutamente todos los que estaban envueltos en la situación y de esta manera quitar drásticamente todo aquello que hacía que Oso ladrara. La siguiente parte era lo más divertido. Empecé a premiar a Oso por estar callado, en otras palabras reforcé su buen comportamiento.

Empezamos una rutina. Cada vez que yo salía Oso empujaba la cerca se encaramaba en ella para llegar a la parte en donde yo estaba. Yo le daba una croqueta especial (una pequeña) y después lo acariciaba por 60 segundos mientras le hablaba usando tonos de afecto, usualmente reservados para los bebes. Y después regresaba a mi casa.

Una regla: Cuando uses comida como reforzador de buena conducta, tienes que usar pequeñas porciones, tan pequeñas como una croqueta de comida para perros. La razón es que los perros son propensos a subir mucho de peso y como resultado tener problemas de salud, igual que la gente. Oso era la excepción porque estaba tan flaco como un galgo, ¡lo malo es que oso no era un galgo! Era un perro de pastoreo que necesitaba urgentemente ganar algo de peso. Así que yo le daba la croqueta completa cada vez que salía.

La rutina era salir más o menos cada media hora. Sin embargo me aseguré que Oso no estuviera ladrando por al menos 5 minutos antes de mi salida. Si recibía la comida después de ladrar eso reforzaría los ladridos y estos hubieran incrementado. Por seis días seguimos esta rutina para que Oso la aprendiera.

Una vez al día sacaba la basura, esto requería que saliera por la puerta lateral y pasara en frente de Oso. En esas ocasiones me detenía para darle su usual masaje y conversación, pero nuestra rutina de la basura era especial. Cuando era la "hora de la basura" Oso recibía no una, ni dos, ¡sino 3 croquetas especiales! Esperaba la ceremonia de la basura con entusiasmo, era un gran momento en su día, en serio.

Al llegar a este punto ya había eliminado todo lo que reforzaba los ladridos y había comenzado a darle premios por estar callado. Ahora era hora de iniciar la siguiente fase: Castigar el mal comportamiento.

Me decidí por usar la forma de castigo en la que le quitas a tu sujeto lo que le gusta. En este caso yo retendría la comida que Oso estaba seguro que recibiría cuando yo saliera.

En la mañana del séptimo día Oso ladro y yo salí corriendo y dije "No" en un tono molesto. Después entré a la casa sin darle la croqueta que esperaba le diera. Dudo que mi tono de voz lo haya impresionado pero estoy seguro de que no le gusto para nada la forma en la que entré a la casa: sin darle de comer. En los siguientes minutos solamente salí para atender sus ladridos y retener la comida más tiempo. Por otro lado Oso se dio cuenta casi inmediatamente que si estaba callado las visitas eran mas frecuentes y cada una de ellas le traía cariñoso contacto físico y comida.

Oso estaba localizado en la ventana oeste de mi casa. Yo podía ver por la ventana del sur a los peatones caminando por la banqueta en dirección este/ oeste. Los veía antes de que Oso se diera cuenta. Así que cada vez que veía gente acercándose, salía corriendo a donde Oso estaba, le hablaba bonito y lo acariciaba mientras que guardaba en la otra mano una jugosa croqueta especial. Si le ladraba a la gente que pasaba, decía: "No" y caminaba hacia la casa sin darle la comida. Si en cambio se mantenía callado le daba la comida y continuaba la conversación y el masaje.

Si Oso ladraba fuerte y por mucho tiempo (una violación a la regla de increíbles proporciones) yo inmediatamente sacaba la basura, me coordinaba para decir "NO" mientras Oso estaba en medio de un ladrido. Cuando terminaba con la basura entraba a la casa llevándome conmigo las tres croquetas, las ponía de tal forma que Oso las viera.

Estoy seguro que fue muy duro para Osito ver esas croquetas desaparecer dentro de la casa. El perro sabía que solo hasta el día siguiente tendría otra oportunidad para deleitarse con un premio de tres croquetas. También sabía que si no hubiera ladrado estaría comiendo algo delicioso en vez de estar ahí parado observando como me alejaba.

La frecuencia de los ladridos disminuyo rápidamente. Oso ya no tenia interés en ladrar porque de hacerlo, ya no socializaríamos con él. En la nueva regla la gente solo venía a socializar cuando estaba en silencio. Los dueños salían a alimentarlo dos veces al día pero nunca reaccionaron a sus ladridos ni de una forma ni de otra. Por lo tanto Oso ya no tenía ninguna razón para ladrar, en cambio tenía muchísimas razones para quedarse callado. En 8 días los episodios de ladridos se fueron de cientos a sólo unos cuantos ladridos a la semana y muy pronto dejó de ladrar completamente.

Nos hicimos muy buenos amigos rápidamente. Por el resto del tiempo que viví en esa casa salí cada media hora mientras estaba despierto. Me quedaba con Oso uno o dos minutos y en ocasiones durante la noche me desviaba de mi camino al baño para mostrarle mi afecto. Osito era un compañero si igual: tierno, amoroso y agradecido de las pequeñas cosas que uno hacia por él. El me relajaba y yo lo tranquilizaba. Nos dimos mutuamente el regalo de la amistad.

El final de Oso

Cuando la primavera llegó y el contrato con la casa se acabó, nos ofrecieron una buena casa por mucho menos dinero. Para el precioso pastor alemán y yo era la hora de separar nuestros caminos. Me partió el corazón dejarlo allí, sabiendo como serían las cosas para él cuando me fuera. La vida de Oso era un historia triste con un final triste este es casi siempre el caso Muy a menudo cuando escuchas el ladrido de un perro estás escuchando el lamento doloroso de un animal desesperado que sabe que la vida lo esta dejando atrás.

Unos meses después visité el viejo vecindario. Vi a Oso pero el no me vió. Su atención estaba concentrada en la gente que pasaba. Los miró callado por un momento, probablemente preguntándose si esa gente querría platicar con un niño como él. Y después ladró. Ladró, ladró y ladró.

El comportamiento está determinado por la situación

Hay algo que puedes aprender de la historia de Oso: el comportamiento de este perrito estaba determinado por la situación en la que vivía. Cuando las circunstancias están combinadas de una forma, el perro ladra. Si la situación es arreglada de otra forma, el perro no ladra. Cuando las circunstancias vuelven a ser las mismas del principio, el perro vuelve a su antiguo comportamiento.

Por esta razón es que es tan desesperante escuchar las excusas del dueño irresponsable: " Mi perro es un estúpido ", "No puede aprender", " No puede ser entrenado", "Es apenas un cachorro", " Está demasiado viejo", "No tiene remedio", "Es un sicótico", "Es un neurótico", "Está loco". "Ladra porque ve otros perros"," Ladra porque ve gatos". "Ve ardillas", "Ve al cartero", "Está fuera de control", " Así es como están las cosas, ni modo, aguántese", "No es mi culpa", "Óigame Don Perros ladran ¿y usted quien se cree?"

El problema con estas excusas es que son una sarta de tonterías. Si tu perro ladra es porque lo has puesto en una situación donde es mucho mejor ladrar que quedarse callado. Tu perro no es un estúpido, no está loco. Su comportamiento está justificado por la situación en la que tú lo has puesto. Es tu perro, fue tu idea ponerlo en esa situación, por lo tanto: Es tu culpa. ¡Hazte responsable!

Perro estúpido, no mereces vivir

Pelearte con alguien acerca de si su perro puede o no ser entrenado para no ladrar es ridículo, es como discutir sobre si la tierra es plana o si la luna esta hecha de queso. Esto me recuerda un refrán: " quien se excusa se acusa"

La realidad es que si hubiera un perro que fuera tan tonto para no aprender a dejar de ladrar entonces de verdad sería "demasiado estúpido para vivir". Piénsalo: si cada vez que tu perro ladrara tú salieras y le dieras un golpe de dos dedos, le rociaras agua, o le proporcionaras otro castigo y él continuara ladrando eso significaría que su cerebro no puede hacer la conexión entre su comportamiento y lo que le acaba de ocurrir.

Un perro que fuese incapaz de comprender la relación causa-efecto metería su nariz al fuego una y otra vez sin lograr hacer la conexión entre el dolor y el hecho de que puso su nariz en el fuego. Caminaría entre plantas llenas de espinas, se olvidaría de comer, correría en el sol hasta morir y se quedaría parado en la nieve hasta congelarse. Es una idea estúpida. Si tú le dispensas un castigo inmediatamente después, cada vez que ladre, él va a responder.

Es definitivo que tu perro es lo suficientemente inteligente para aprender. La pregunta es: "¿eres tú lo suficientemente listo para enseñarle? Y además, ¿estás dispuesto a aceptar que puede implicar algo de esfuerzo?

Hay dos formas de entrenamiento:

  1. Entrenamiento antiladridos, en el cual le enseñas a tu perro a no ladrar.
  2. Entrenamiento de perro guardián, en el que entrenas a tu perro a ladrar cuando es necesario.

Entrenando a tu perro para que no ladre

Una técnica que funciona bien, siempre va a funcionar bien, esto se debe a que un trabajo exacto da resultados exactos. Por otro lado, si el método está planeado con descuido, con mucha suerte dará resultados mediocres.

Solía impartir un curso de psicología en el cual enseñaba procedimientos de aprendizaje, puse a los estudiantes a practicar con su propio perro en casa. Les enfaticé que para poder enseñarle a un perro a no ladrar se deben hacer siempre 4 cosas después de cada falta:

  1. Ve inmediatamente a donde el perro está (no lo llames hacia ti)

  2. di "No" e inmediatamente:

  3. sigue el "no" con un ligero golpe en la nariz usando dos de tus dedos.

  4. Después de hacer esto, entra a tu casa rápidamente.

Una de las estudiantes lo intentó y su reporte fue que los ladridos incrementaron justo después de que empezó el entrenamiento y que entre más lo intentaba el problema se hacía peor. Insistió en que estaba haciendo todo tal y como yo le indiqué, pero después me describió como interactuaba con el perro. Evidentemente la intervención que ella estaba usando no era la que yo le enseñé. Su método era así, cada vez que el perro ladraba ella:

  1. Iba inmediatamente donde el perro estaba

  2. Decía "no" e inmediatamente

  3. seguía el "no" con un ligero golpe de dos dedos en los cuartos traseros del perro y después

  4. jugaba con el perro por un minuto antes de entrar a su casa.

Esta persona cumplía muy bien los pasos uno y dos, pero lo que hacía en los pasos tres y cuatro eran muy diferentes del método que le mostré. Solamente los procedimientos exactos están garantizados. Procedimientos inexactos como el que ella usó producen resultados mediocres. En este caso los cambios que ella hizo fueron contraproducentes.

Es muy cierto que el golpecito en la nariz debe ser ligero para no ser doloroso, pero aun así debe ser proporcionado en tal forma que sea desagradable. Mi estudiante apenas tocaba al perro en el trasero, esto no era desagradable para el animal y no tenía efecto. De igual forma para ese perro la palabra "no" carecía de significado en esta etapa de su aprendizaje. "No" solamente funciona como un castigo después de que ha sido usado y asociado muchísimas veces con algo brusco y desagradable, como un golpecito en la nariz.

Todos esos factores se unieron para hacer que su procedimiento fuera inútil. Lo que lo hizo la situación aun peor fue que mi estudiante después de disciplinar a su perro socializaba con él y le demostraba su afecto antes de regresar a la casa, lo que en lenguaje canino se traduce como : "si ladro me recompensan". Cuando una respuesta (por ejemplo ladrar) está consistentemente seguida de un premio, la respuesta va a incrementarse inevitablemente, por esto es que este perrito continuaba ladrando.

El principal problema de los procedimientos correctivos de conducta es que la efectividad de estos está directamente relacionada con el grado de precisión con el que son ejecutados. En resumen: si quieres que tu entrenamiento funcione debes seguir la fórmula de manera exacta. Cambiar algún pequeño detalle puede convertirse en una enorme diferencia en tus resultados.

Eliminando las cosas que refuerzan el mal comportamiento

En tus esfuerzos para entrenar a tu perro tu primer paso debe ser eliminar todo lo que tu perro gane con los ladridos. Para determinar que es lo que esta reforzando la conducta debes ver que es lo que pasa inmediatamente después de que tu perro ladra. Si sus ladridos están seguidos por algún tipo de atención o eventos que el encuentra interesantes entonces eso es lo que refuerza su conducta.

Una de las reglas básicas que casi siempre se aplican es que si el animal está dando una respuesta, es porque debe haber algo que está reforzando esa respuesta. Es como un acto de magia donde el mago hace que su bella asistente flote en el aire mientras le pasa varios aros por su cuerpo para mostrar que nada la sostiene. Aunque tus ojos te dicen que la chica está levitando tú sabes que algo la sostiene porque de otra forma se caería. Es lo mismo con las respuestas de tu perro. Si la respuesta existe es porque hay algo que la refuerza. Esto no siempre se aplica con los ladridos crónicos.

Por ejemplo un perro aburrido puede que empiece a ladrar en ausencia de estímulos exteriores simplemente porque ladrarle a la nada es un poco mas entretenido que estarse ahí parado sin hacer nada (lo cual es su única alternativa). También hay perros que ladran para amenazar, esto puede que se deba simplemente a su código genético, este tipo de perros disfrutan lanzándole amenazas a la gente extraña.

Refuerza la respuesta incompatible

Un perro puede que ladre o que no ladre, pero definitivamente no puede hacer las dos cosas al mismo tiempo. Esto significa que puedes reducir la cantidad de ladridos simplemente reforzando los instantes de silencio, en otros términos: puedes reducir el problema de conducta reforzando una respuesta incompatible.

Puedes eliminar un problema de ladridos por medio de castigos. No es necesario premiar al perro con tu presencia por no ladrar, pero si lo hicieras sería mucho más fácil acabar con el problema y por supuesto: sería mucho menos angustiante para tu perro si la alternativa a sus ladridos fuese esperar un poco para que salieras a atenderlo, en vez de sentarse ahí por horas, solo y aburrido.

Puede que ocurra que no puedas reforzar la buena conducta porque el perro no deja de ladrar. Cuando tienes un perro que ladra prácticamente cada segundo tienes que castigar los ladridos de forma continua, hasta que llegues al punto en el que el perro está callado algunas veces. Ahí puedes empezar a reforzar los espacios de silencio.

El Castigo

La primera cosa que necesitas saber sobre los castigos es la diferencia entre un castigo y algo que potencialmente puede castigar. Este último es algo que tu perro probablemente prefiere evitar. El castigo (también conocido como estimulo negativo) es aquello que reduce el número de veces que el perro se comporta mal, pero solamente funciona si es aplicado durante o inmediatamente después del mal comportamiento del perro.

Por ejemplo, tu perro probablemente preferirá que no lo golpees en la nariz, pero, ¿cómo puedes saber si eso es un castigo para él? Es fácil. Si castigas a tu perro de esta forma cada vez que ladra y los ladridos se reducen y eventualmente desaparecen, entonces para tu perro el golpe en la nariz es un castigo. Pero si no reduce los ladridos entonces no es un castigo, es solo algo que potencialmente puede castigarlo. Seguro te estas preguntando: bueno y ¿cómo se si esto es un probable castigo o un castigo?, la respuesta está en tu resultado: Si deja de ladrar es un castigo. Si no, pues no lo es.

He dicho ya varias veces que hay que castigar al perro dándole un golpecito en la nariz, pero debo aclarar: ningún castigo debe ser severo o cruel, solo debe ser lo suficientemente brusco para que el perro comprenda que debe dejar de ladrar. Sin embargo, la clave está en la consistencia, el castigo debe ser dado cada vez que el perro ladre.

Algunas personas me dicen que ellos castigan al perro pero este continúa ladrando. Este argumento es absurdo. Por definición, un castigo es algo que reducirá la cantidad de veces que el perro se comporta de manera equivocada. Puede que estas personas hayan salido y castigado al perro (según ellos), pero es obvio que para el perro no era un castigo puesto que los ladridos continuaron. Un verdadero castigo hubiese disminuido los ladridos en unos cuantos días hasta hacerlos desaparecer por completo.

Si piensas que tu perro no va a responder a ningún castigo estás completamente equivocado, el castigo te va a funcionar, pero debes encontrar uno adecuado para tu perro y por supuesto emplearlo de forma efectiva y consistente.

El arte de Castigar, si, ¡es un arte!

Aun cuando la segunda Guerra mundial estaba terminando los Japoneses se negaron a rendirse, a pesar de que toda esperanza se había perdido, ellos continuaron resistiendo hasta que la bomba atómica los dejo sin alternativas. Su testarudez se debía en gran parte al tono agresivo de unos documentos que Washington había enviado a Tokio. Estos papeles tenían como finalidad dar los términos y condiciones sobre la rendición japonesa. La intención americana era tratar con generosidad a los japoneses después de la guerra, pero el tono de los papeles hirió la sensibilidad de la cultura japonesa lo cual los llevó a concluir que después de la guerra iban a ser tratados muy severamente. Por eso pelearon, porque unos documentos tenían un significado para los japoneses que lo leyeron y otro muy diferente para los americanos que lo escribieron.

Mientras te preparas para entrenar a tu perro te haría muy bien recordar algo: los perros no son humanos cubiertos de pelo. Las diferencias culturales entre naciones son muy pequeñas comparadas con las que hay entre perros y humanos, nosotros interpretamos los eventos de acuerdo al filtro cognoscitivo que nos heredaron nuestros ancestros. Pero entre tu perro y tú es muy diferente: cualquier evento va a tener un significado para ti y otro muy diferente para tu perro. Por esto es que es completamente ridículo que se espera que los perros piensen y se comporten de acuerdo con las reglas de cordialidad y respeto de la sociedad humana.

Cuando socializamos a nuestros perros les enseñamos nuestra forma de hacer las cosas. Sin embargo los perros solo pueden entrar en nuestra realidad de una forma limitada. Si realmente quieres comunicarte con tu perro tienes que entender como es que él ve las cosas. Necesitas entrar en su realidad y expresarte en términos que él pueda entender para poder transmitirle tus intenciones y deseos.

Los perros se fijan mucho en el "estatus" social. Los humanos también por supuesto, pero los perros aun más. Tu perro le ha asignado una clasificación social a cada humano o perro que conoce, sus clasificaciones son dos: jefe/dominante/líder y sumiso/seguidor/sirviente. En su forma de ver las cosas todo mundo debe ser uno u otro.

Si el perro piensa que tú eres el jefe entonces seguro que él debe ser el sirviente y si piensa que él es el jefe entonces tú eres el sirviente. En la mente del perro todos están clasificados como: dominante/superior o sumiso/inferior, y tu perro sabe que él debe ser lo contrario a cualquiera de lo que tú eres.

Esto es importante para ti durante el entrenamiento porque en la percepción animal de tu perro, la criatura dominante tiene derechos y privilegios y la criatura sumisa tiene obligaciones que el dominante debe comunicarle de cierta forma. Si quieres que tu perro responda como si tú fueras el perro dominante entonces debes comportarte como los perros dominantes se comportan.

El perro dominante gruñe cuando ve que otro perro está haciendo algo que él no aprueba y quiere que deje de hacerlo. Si el comportamiento continua el perro dominante se abalanza en forma agresiva hacia el mal portado, si la situación lo amerita quizá hasta lo ataque con una serie de mordidas, el perro inferior se rinde inmediatamente. Entre perros todo está claro, un perro que se ve a sí mismo como inferior casi siempre se va a rendir para no ser mordido. No hay muchas heridas de mordidas entre perros: el líder comunica su intención de poner al perro inferior en sumisión por medio de esa embestida agresiva.

Un perro inferior que ve al perro dominante correr agresivo hacia él no se trauma, tiene la certeza de que el perro dominante tiene el derecho de decidir como deben ser hechas las cosas, y desde su perspectiva, la agresión física es la forma en que el perro dominante expresa sus deseos. El perro inferior no siente autocompasión, acepta las cosas tal y como son porque así se supone que deben ser. No se sienta a lamentarse de su suerte porque debe someterse a otro perro. No piensa dos veces, sólo obedece.

Cuando entrenes a tu perro necesitas castigar en la misma forma que un perro dominante castiga. En los últimos años he observado como uno de mis vecinos entrena a su perrita para no ladrar. Algunas veces, después de que la perra ladra, él la llama con voz llena de amor, parece que este señor piensa que de esta forma la perra va a dejar de ladrar. La realidad es que la perrita no tiene ni la menor duda de que el señor de la casa quiere que deje de ladrar, pero a ella no le interesa lo que él quiera, su comportamiento débil le ha dado todas las indicaciones de que ella, la perra, es la dominante \ jefa \ superior.

Así es como todo este asunto funciona: según el perro, tú debes ser dominante o sumiso. Esta perrita toma las fallas de su dueño como una indicación de su sumisión. Desde el punto de vista de un perro, si tú tomas una postura sumisa eso significa que le estás dando el mando. Es importante notar: un perro que piensa que tú tienes el estatus de sumiso \inferior \sirviente no se siente obligado en absoluto a tomar en cuenta tus deseos u órdenes.

Mi vecino siente que esta siendo "bueno" con su perra, pero el resultado es que hace imposible la comunicación con ella y de paso arruina la excelente relación que podrían tener.

A tu perro no le va a importa tu opinión sobre sus ladridos a menos que crea que tú eres el perro dominante y si lo quieres convencer de ello tienes que comportarte como los perros dominantes se comportan.

En el mundo canino el perro dominante corrige a los inferiores con embestidas agresivas. No es así como se hacen las cosas en nuestra sociedad pero los perros no son humanos con pelo, son perros, y esa es la forma en que ellos arreglan sus cosas.

Tips para dominar a tu mascota

Los perros solamente entienden unas cuantas palabras del lenguaje humano, pero comprenden perfectamente bien el lenguaje corporal. Por esto es que debes corregirlo usando el lenguaje corporal que un perro dominante usaría.

Cuando el perro ladre ve hacia él. No lo llames para que venga hacia ti. Arremete contra él con tus hombros por delante y tus ojos fijos en los de él. Utiliza tu lenguaje corporal para indicarle que estas preparado para usar fuerza física. La regla es: entre más intimidante sean tus movimientos durante la embestida, menos fuerza vas a tener que usar cuando llegues a donde tu perro está. Así que has uso de tus dotes de actor o actriz, toma el papel de un perro dominante y feroz, exagera todo lo que puedas tu actuación.

Justo un instante antes de llegar al perro di: "NO" y dale un golpecito en la nariz. El golpe debe ser administrado con dos dedos, levemente. La mejor forma de calibrar la fuerza de tu golpe es practicando en tu misma cara. Te vas a dar cuenta de cuan desagradable es. Un golpe en la nariz puede que sea un castigo ligero pero es muy efectivo, especialmente si es usado con una embestida agresiva, un lenguaje corporal intimidante y un "NO" en tono de desaprobación.

No golpees a tu perro con demasiada fuerza en ninguna parte de su cuerpo, especialmente en la nariz o en su cabeza, le puedes causar un severo daño cerebral que puede no ser aparente de inmediato pero será muy obvio en el futuro. Los cachorros son extremadamente vulnerables, así que ten mucho cuidado. Siempre recuerda que tu meta es asegurarte de que tu perro asocie los ladridos con consecuencias desagradables, por esto es que solo es necesario que el castigo sea desagradable. No hay necesidad de ser brutal. Jamás golpees al perro para causarle dolor o dañarlo físicamente.

La reacción de tu perro va a ser la mejor forma de medir si tu castigo está funcionando o no. Algunos perros, por ejemplo los Collies (¿recuerdas a Lassie?) son tan sensibles que golpearlos, gritarles o embestirlos puede ser demasiado traumático para ellos y puedes dañar tu relación con tu perro si tu actuación es demasiado dramática o repetitiva. Esta raza responde a castigos muy ligeros como por ejemplo un simple "no", una mirada de desaprobación etc. Si ese es el caso de tu perro te felicito, tienes una gran ventaja. Es mucho mejor que los castigos sean ligeros y obtener buenos resultados, pero deja que la reacción de tu perro sea tu guía:

Después de que arremetes contra tu perro, dices "No" y le das un golpecito, observa lo que hace. Si se ve totalmente aterrorizado por lo que le hiciste necesitas cambiar tu castigo a uno más ligero. Si se ve desconcertado vas por buen camino. Pero si bosteza o se ve como si no le importara necesitas subir la intensidad de tu castigo.

Si tu perro no se impresiona con tu intervención tienes 4 opciones para incrementar la intensidad del castigo. La primera que de debes intentar es usar un lenguaje corporal mas intenso, dramático y agresivo. Ponle furia a tus ojos mientras arremetes hacia el perro. Muévete como alguien que está atacando y levanta tu mano como si le fueras a propinar un golpe fuerte. También intenta decir "No" con ira. Todo esto puede hacer que el golpecito de la nariz tenga mucho mas efecto, también puedes alternar el golpecito con otra consecuencia que tu sepas que tu perro va a aborrecer. (No olvides que jamás debes lastimar a tu perro).

Observa al perro cuando sabe que va a ser castigado. Por ejemplo: cuando ladra mira hacia donde estás porque sabe que lo vas a castigar y ¿qué hace? Si el entrenamiento te esta dando resultados el perro va a tener cara de culpable, va a estar un poco nervioso porque sabe que algo desagradable está por ocurrir. Va a ser muy obvio, su lenguaje corporal te va a decir: " Ay no, desearía que esto no estuviera pasándome". Sin embargo el perro no debe estar totalmente aterrorizado. Recuerda que la meta es que el castigo sea intenso para que el perro no se porte mal de nuevo, no estas tratando de medio matarlo del miedo o lastimarlo. Por otra parte, si tu perro no esta desconcertado en absoluto cuando sabe que va a ser castigado significa que no lo estas impresionando.

Necesita encontrar rápidamente el nivel de castigo que funciona. Las investigaciones en esta materia han mostrado que si empiezas por aplicar un castigo ligero y lentamente incrementas la intensidad, le das al perro la oportunidad de acostumbrarse. El resultado de esto es que al final vas a tener que aplicar un castigo muy severo para corregir a un perro que se acostumbró a ser castigado, Esto es contraproducente, es mucho mejor encontrar desde el principio la intensidad adecuada para el castigo.

Por supuesto que al final sabrás que tu técnica de entrenamiento funciona porque tu perro deja de comportarse mal, si encontraste un buen castigo y lo has aplicado por un tiempo apropiadamente tu perro va a responder.

No te conviertas en comida para perros

Piénsalo dos veces antes de aplicar la "arremetida agresiva" con un perro que no conoces. Si estás tratando de entrenar a un perro agresivo que se ve a sí mismo como el jefe, te vas a dar cuenta de que él también se conoce el jueguito e intentará hacer ese tipo de intervención contigo. En pocas palabras te va a masticar y escupir como pepa de calabaza.

Así también considera no hacer este tipo de entrenamiento con perros que han sido victimas de abuso, tienen fama ser mordelones o se comportan de forma agresiva con la gente. La mayor parte de las veces la arremetida es una muy buena intervención, incluso en estos casos, pero necesitas estar seguro de poder predecir la reacción del perro. Consulta con un entrenador profesional antes de intentar este tipo de acercamiento.

Castigando a través de la gente y los lugares. Técnicas para realzar el efecto del castigo

Un castigo tiene más influencia, es más rápido y más efectivo si es aplicado en varias formas por diferentes personas. Selecciona la técnica con la que estás mas a gusto y alterna su uso. Haz que los miembros de tu familia tomen turnos para dispensar el castigo. Eso hará que el perro llegue a la conclusión de que en tu casa la ley es no ladrar y toda la manada esta de acuerdo en ello.

Otra excelente estrategia es castigar el ladrido en diferentes lugares. Pon al perro en el patio del frente de tu casa y castígalo cuando ladre para que entienda que no se debe ladrar en esa parte de la casa. Después ponlo en el patio de atrás y haz lo mismo. Llévalo en un paseo del auto y enséñalo que tampoco se debe ladrar en el auto. Si puedes llévalo a la casa de algún amigo o familiar, muéstrale que las mismas reglas se aplican allí. Si haces esto tendrás un perro bien educado que conoce perfectamente las reglas que debe observar mientras vive con humanos.

Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña

Los perros como los humanos buscan asociar lo que hacen con lo que les pasa. Casi podríamos definir la inteligencia como la capacidad de asociar correctamente un evento con otro. Si tu perro se porta mal (por ejemplo ladra mucho) y algún evento desagradable ocurre inmediatamente después de ese mal comportamiento, llegará a relacionar los dos eventos en algún momento: "Si quiero que el líder me regañe entonces debo hacer esto, pero si no quiero que pase de nuevo debo dejar de hacer lo que acabo de hacer."

Los perros tienden a pensar que lo que le pasa es consecuencia de lo que acaban de hacer. Imagina esto: El perro ladra, tú sales y lo llamas. El perro viene hacia ti y tú le pegas. Tu perro piensa que acaba de ser castigado porque se acercó a ti, sin embargo según tú lo castigaste porque ladró. Creo que no necesito decirlo de nuevo pero lo haré: ve a donde el perro esté, no lo llames. Ponte abusado: desde el momento en el que el perro ladra hasta el momento en el que le dispensas el castigo no debes pronunciar ninguna orden, no debes pedirle que haga un truco o platicar con él, no le digas nada excepto: "NO".

Castiga inmediatamente

Cuando castigues a tu perro quieres asegurarte de que entienda porqué le diste el golpecito (o cualquiera que sea la técnica que decidiste usar). Para que tu perro logre entender esto necesitas ir inmediatamente a donde esté, en cuanto se comporte mal. Si pudieras llegar a la escena mientras el comportamiento está tomando lugar eso sería mucho mejor. Tus posibilidades de que el perro entienda se incrementan dependiendo de la rapidez con que le dispenses el castigo, entre más pronto, durante o después del comportamiento, mucho mejor.

Si te tardas demasiado para llegar es posible que el perro haga alguna otra cosa y relacione el castigo con eso que acaba de hacer. También corres el riesgo de que tu perro reciba el "premio" que recibe por ladrar. Por ejemplo: alguien podría llamar al perro, cruzar la calle para ver que le pasa, etc., esto es algo que definitivamente quieres evitar puesto que su mal comportamiento está siendo premiado. Es más difícil tratar de corregir un comportamiento que está siendo constantemente premiado. Por eso, llega inmediatamente, y asegúrate de que algo desagradable pase antes de que algo agradable tenga la posibilidad de ocurrir.

Tienes un lapso de más o menos 20 segundos para llegar a castigar. Si tu tiempo pasa es mejor que ignores todo el asunto y esperes tu siguiente oportunidad o corres el riesgo de que tu perro no logre entender la relación entre tu desaprobación y su comportamiento. No tiene caso que salgas 2 minutos después, tu perro no va a tener ni idea de porque lo castigaste. De hecho si lo castigas demasiado tarde vas a perder credibilidad con tu perro por castigar sin razón. Hazlo entender que tu desaprobación no es "nomás porque sí" sino una consecuencia directa por algo que hizo.

Es importante que arregles tus situaciones personales de tal forma que mientras entrenas a tu perro estés lo suficientemente cerca para oír los ladridos y salir corriendo a corregir.

Castiga consistentemente

Castiga "consistentemente" no significa que castigues al perro todo el tiempo sin importar lo que haga. Me refiero a que dispenses castigo siempre que tu perro realice el comportamiento que decidiste corregirle. Por ejemplo, si ladra por todo: corrígelo cada vez que ladre, sin excepciones.

No me canso de repetirlo: Si tu objetivo es hacer que tu perro no ladre tienes que ir y hacerle algo que no le guste inmediatamente después de que ladre o mientras esta ladrando. Sin excepciones. Si haces esto cada vez que ladre en unos cuantos días vas a tener un perro bien portado.

El error más común de la gente es que fallan en castigar consistentemente. Si castigas cada episodio de ladridos, tu perro va a aprender rápido, si algunas veces ignoras los ladridos y otras veces los castigas te aseguro que va a pasar un largo, largísimo tiempo para que tu perro reciba el mensaje.

Menos de 91 minutos de esfuerzo

OK, seguramente te estas preguntando: ¿cuánto tiempo me va a tomar entrenar a mi perro? Seamos realistas, si cada vez que tu perro tiene un acceso de ladridos (o cualquiera que sea su mal comportamiento) tú sales y haces las cosas exactamente como te explico, vas a tener que castigarlo 91 veces para que reciba el mensaje. De hecho muchos perros dejan de ladrar cerca del castigo número 20.

Aunque tengas un perro que es tan terco como una mula y tan burro como un burro vas a lograr entrenarlo en 91 minutos de esfuerzo, siempre y cuando realices todo como ha sido explicado.

Cuando un perro ladra no debe tomarte más de un minuto salir de tu casa, castigar y regresar a continuar tus actividades. Eso significa que vas a tener que realizar esta operación 91 veces para que tu perro entienda el mensaje. Es poco tiempo comparado con los años de sufrimiento que tu vecino experimentará si tu decides que tu propio perro no es tu responsabilidad.

Condicionamiento Clásico

Hay una película inglesa que se llama Monty Python and the Holy Grail, es una comedia loca y chistosísima. Los héroes de la película se encuentran a un grupo de malvados que chantajean a la gente común. Cuando estos fallan en cumplir con lo que se les ha pedido, los malos les dicen "Neek " En este universo paralelo, los habitantes de ese lugar no pueden escuchar la palabra " Neek". El sonido de esa palabra es intolerable y no pueden hacer nada para evitarlo.

En otra parte de este artículo mencioné a "Acero", un Pastor Alemán que ha sido mi perro favorito de toda la vida. Acero era como esa gente común de la película, la diferencia es que en vez de "Neek" la palabra que Acero no podía oír era "No". Como anteriormente dije para Acero la palabra "No" tenia dos significados. Sabía que inmediatamente después de que yo decía la palabra, iba a ser castigado o iba a recibir un premio dependiendo de lo que él hiciera después de escucharla. El segundo significado de "No" era que se había portado muy mal y sería castigado. No podía soportar escuchar "No", cuando era en tono de castigo. Se avergonzaba mucho de que le dijera esa palabra en un tono de desaprobación, sentía que había caído de mi gracia.

No le importaba que le dijera "No" si era para hacer que dejara de hacer algo. En esas circunstancias tenía la oportunidad de ganarse una recompensa, por ejemplo un muy lleno de afecto "¡Buen perro, qué listo eres!". Pero ser castigado con un "No" en un tono de voz emocional y de reproche era más de lo que Acero podía soportar. Casi se me moría de la vergüenza y la tristeza cada vez que le decía ese "No" malo.

Desde hacía tiempo habíamos llegado al punto donde su entrenamiento estaba completo, ya casi nunca lo castigaba, solo decía la palabra si se portaba mal. Y cada vez que la pronunciaba ponía la cola entre las patas, lloraba y se hacia pequeñito. Su cara era un libro abierto: se le partía el corazón cada vez que escuchaba el "No" infame. ¡Se lo tomaba muy en serio!

Eso es lo que debes buscar, llegar al punto donde un solo "no" es un castigo poderoso. Puede que te parezca cruel condicionar a un perro para que al escuchar una palabra se ponga triste, pero es necesario. Una vez que lo logres vas a poder ejercer mucho más control sobre él usando solamente tu voz. Los castigos físicos van a volverse muy limitados o nulos después de que llegues a este punto. Tú y tu perro tendrán una mucha mejor relación y van a ser más felices conviviendo juntos.

Tengo que decirles que después de Acero tuve otro perro y pensé que en vez de decirle "No" cuando se portara mal le diría "Neek". Supongo que los fans de la película Monty Python se pasaran un buen rato al saber esto, pero para ese perro no era ningún chiste. Se avergonzaba de si mismo cada vez que escuchaba la palabra.

Como decir no y hacer que te sirva de algo

Cuando escuchamos alguien decir "No" no nos molestamos, pero se vuelve molesto si la palabra esta acompañada de experiencia física estresante. Por eso, si dices "no" cada vez que le das el golpecito a tu perro, con el tiempo la palabra se va a convertir en algo molesto para él, casi tanto como el golpecito en la nariz.

Lo que nosotros experimentamos como una experiencia emocional desagradable es de hecho algo físico. La mayor parte de la gente no piensa que las emociones son físicas, pero la realidad es que van muy de la mano con el cuerpo físico. Cuando un perro (o una persona) se enoja o se entristece, el sistema nervioso cambia de tal forma que la persona siente la emoción intensamente. Para aprender más sobre esto dale click en Porqué es tan estresante estar expuesto a ladridos crónicos.

Si corres hacia tu perro, dices "No" y das el castigo en el lenguaje corporal de un perro dominante, con el tiempo vas hacer un cambio en la psicología de tu perro, el simple "no" lo va a entristecer. También puedes lograr esto si repites la palabra "no" mientras esta triste, a la larga va a asociar el sonido de la palabra con un estado físico / emocional de tristeza.

Esto es un fenómeno común que probablemente ya conoces. Si viviste en un lugar en particular donde te la pasaste mal, cada vez que regreses a ese lugar te vas a sentir mal. O probablemente asociaste una canción a una mala relación sentimental y ahora te sientes deprimido cada vez que la escuchas.

Este proceso se llama Condicionamiento clásico, algo que era neutral emocionalmente (por ejemplo "No") es acompañado de alguna experiencia física desagradable, el resultado es que con el tiempo lo que antes era neutral se ha convertido en un estímulo negativo. Las situaciones alegres o de gozo son condicionadas de la misma forma, pero platicaremos de eso mas adelante.

Cuando castigues a tu perro la única palabra que debe salir de tu boca es "No". No digas nada mas, de esa forma estableces la relación de la palabra con el castigo, con el tiempo ese será el castigo que usaras para poder controlarlo. De paso le enseñas a comprender una de las dos expresiones más importantes usadas por el hombre y que todo perro debe conocer.

Corrigiendo a un perro que ladra cuando no estás

Cada padre de familia sabe esto: los niños se portan de una forma cuando papá y mamá están presentes, pero cuando no están se portan de una manera muy diferente. Esto se debe a que cuando papá y mamá se van, el niño reacciona a las nuevas circunstancias, se comporta en tal o cual manera con la finalidad de adaptarse y lograr "sacarle jugo" a su nuevo ambiente. Cuando tú sales de la casa, tu perro se encuentra de pronto en una situación donde sus ladridos no son castigados.

Puedes evitar que tu perro ladre cuando no estás poniéndole un collar electrónico. Eso lo mantendrá callado por el tiempo que estés ausente, pero que quede claro que esto no es un método de entrenamiento. Estos aparatos solo le enseñan a tu perro a estar callado cuando el collar o el bozal estén en su cuerpo. Si las baterías se gastan, si logra quitarse el collar o le remueves el bozal, el perro continuará su fiesta de ladridos. Lo mejor es que entrenes a tu perro.

La forma de entrenar a tu perro para que no ladre mientras estas ausente es la siguiente: tómate un día libre o un fin de semana que tengas tiempo, haz como que te vas al trabajo, quédate por allí agazapado para que el perro no te vea y cuando empiece a ladrar sal de tu escondite y agárralo en "la movida".

Lo mejor sería si te tomaras el día libre del trabajo o al menos una parte de la mañana. Pon tu alarma y levántate a la hora usual, vístete y sal de tu casa a la hora en la que normalmente te vas al trabajo. Maneja tu carro un par de calles, estaciónate y regresa caminando a tu casa. Tu perro tiene un excelente sentido del oído y reconoce el sonido de tu auto, no creas que es un burro, ¡es un perro! , si te estacionas en la casa de al lado sabrá que todavía estas allí. También ponte listo cuando regreses a tu casa después de estacionar tu auto, si tus pasos son normales se va a dar cuenta, así que regresa como ninja.

Asegúrate de traer un libro para entretenerte mientras esperas, porque puede que tu perro no empiece a ladrar inmediatamente. Puedes acelerar el proceso si haces ruidos o cosas que tú sabes hacen ladrar a tu perro. Por ejemplo: si le ladra a los sonidos de las puertas, o al sonido de los niños puedes crear los sonidos. El punto es que en cuanto ladre tú sales, lo castigas e inmediatamente te vas. El perro va a empezar a creer que tu siempre sabes que es lo esta haciendo, tipo los Santos Reyes, Santa Claus o Dios, ¿no?

Si vives cerca de tu trabajo, y tienes la posibilidad, puedes pedirles a tus vecinos que te hablen por teléfono en cuando tu perro empiece a ladrar, o bien, puedes encontrar alguien de confianza, algún miembro de tu familia que

Capta y corrige el problema, entre más pronto mejor

El asunto se va a poner más difícil entre mas tiempo dejes pasar. Empieza a entrenar a tu perro desde el momento en que lo compres o lo adoptes, no importa si es un cachorro o si lo adoptaste siendo adulto, empieza su entrenamiento desde el instante que cruza la puerta de tu casa. La mejor forma de resolver problemas es no crearlos.

El castigo no debe convertirse en un trauma psicológico

Una de las mas grandes equivocaciones del ser humano con respecto a los castigos, es que se cree que deben causar trauma psicológico. No es el castigo en sí lo que es traumático, es el hecho de que el problema se deje crecer al grado que el castigo se vuelve el único camino para arreglar la situación.

Si metes la mano al fuego la respuesta que vas a recibir será negativa (te vas a quemar y te va a doler un montón). La naturaleza nos castiga por tocar el fuego, no nos traumamos por la experiencia porque aprendemos que el fuego es predecible. Sabemos lo que el fuego nos puede y no nos puede hacer, adaptamos nuestra vida y nuestro comportamiento de tal manera que tenemos la posibilidad de usarlo sin ser castigados por él.

Una vez cuidé a un perro Labrador por unas semanas mientras sus dueños salieron de la ciudad. Las primeras dos semanas el perro y yo pasamos casi cada minuto del día juntos. No lo castigué, aunque estaba entrenándolo en obediencia muy intensamente (casi todo el día). Creo que el Labrador pensó que yo jamás lo castigaría, sin importar lo que hiciera.

Un día de esos estábamos jugando a las luchitas, de alguna forma quedamos cara a cara sentados en el suelo. En la emoción, el Labrador me mordió la cara. El perrito lo hizo jugando y no me mordió fuerte, ni siquiera me dejó marca, pero cualquier tipo de mordida facial es demasiado peligrosa para tolerar. Mi política en este aspecto es muy estricta, un perro no debe morderte, especialmente en la cara. Así que muy a mi pesar dije "NO" y le di un golpecito en la nariz con dos de mis dedos. El perro se quejó y se alejó como si pensara que lo iba a volver a hacer.

Unos días después ocurrió de nuevo. Estábamos jugando y quedamos mirándonos cara a cara. El perro me mordió la cara de nuevo por segunda vez. Yo dije "NO" y le di otro golpecito en la nariz, exactamente como la vez pasada. Pero esta vez el perro no se quejó o se alejó triste, no movió ni un músculo. Sabía que no habían posibilidades de que yo lo castigara de nuevo, a menos que él me mordiera de nuevo. Se sentó allí observándome, su expresión facial y lenguaje corporal decían: " me estoy divirtiendo de lo lindo, sigamos jugando, ¿no?" Así que seguimos jugando. Jugamos a las luchitas todo el día y debo decirles que a partir de ese momento el Labrador no me volvió a morder.

La moraleja de la historia es que el Labrador sabía exactamente porqué fue castigado y sabía que tenía otra posibilidad: no morderme. El perro quedó en posición de decidir si quería morderme o no. Se dió cuenta de que su acción fue lo que me llevó a parar el juego y castigarlo, era como si se hubiera castigado a sí mismo, exactamente como si pusieras tu mano en el fuego y te quemaras. No tenía miedo del castigo porque entendió que él propició mi respuesta negativa.

Si golpeas a tu perro sin razón, por cualquier cosa sin importar lo que haga y solo porque te da la gana, puedes estar seguro de que lo vas a traumar. Un castigo que es predecible y puede ser evitado no se convierte en un trauma psicológico.

Cuando tu perro ya ha sido castigado, olvídate de lo ocurrido

Mientras entrenes a tu perro para que no ladre necesitas responder a cada ladrido con un castigo. Después del castigo puedes continuar tu amistad con él. No te quedes enojado con tu amigo, recuerda que lo estás convirtiendo en un maestro en buena conducta y toma tiempo aprender.

No te conviertas en un amargado, al contrario, tu perro debe verte como divertido, agradable y debe saber que estar contigo es lo mejor que le puede pasar. Inmediatamente después de su falla te debes convertir por un segundo en una persona estricta, sólo por un instante y después vuelves a ser el adorado amo de tu perro. Si eres muy bueno con tu perro cuando se porta bien, se va a dar cuenta inmediatamente de cuando hizo algo mal porque te vas a poner serio. El contraste va a ser muy obvio y tu perrito lo entenderá.

Está muy bien que juegues y seas amable con tu perro después de que se portó mal y pagó su deuda, pero necesitas asegurarte de que está captando el mensaje. Si estás acariciándolo o jugando con él y de pronto ladra sin razón, le das su castigo y continúas acariciándolo.

Pero si realmente quieres que el castigo sea efectivo, lo mejor es que después de castigar te levantes y te vayas de allí. Incluso puedes negarte a jugar o interactuar con él por un minuto completo para mostrarle que lo que hizo está mal. Pero después de eso debes comprender, perdonar y olvidar, todo este ritual se inicia la siguiente vez que el perro ponga su pata en el fuego.

Por el amor de Dios, no cometas el mismo error de mi estudiante: ella le proporcionaba a su perro un pequeñísimo castigo seguido por una tonelada de amor y afecto. El resultado fue que su perro aprendió que al ladrar le caían del cielo montones de caricias y palabras de amor, por lo tanto ladraba sin cesar, y en serio que ese perro ladraba, ladraba y ladraba.

Respuesta en secuencia: Castiga o refuerza tu orden al principio

A veces lo que pensamos que es un simple mal comportamiento perruno es en realidad una cadena de respuestas que ocurren en orden secuencial. Por ejemplo, tus hijos se pelean mucho, si observas puede que te des cuenta de que tus hijos siguen cierto patrón que los lleva a arreglar el asunto a golpes:

Se ponen de acuerdo para jugar. Durante el juego el que está ganando se burla del otro. El que va perdiendo le dice alguna grosería al que va ganando. El ganador responde con groserías, gritos y cierra todo el asunto con un golpe. Y luego tienes que llegar a separarlos.

Cuando tienes una serie de respuestas que consistentemente se realizan en cadena esto se llama Respuesta en secuencia.

Puede que te des cuenta de que tu perro ladra porque las situaciones se van encadenando hasta hacerlo ladrar. Digamos que el perro oye los pasos de algún peatón en la calle. La secuencia empieza cuando el perro escucha los pasos y se pone alerta. Después gruñe casi sin sonido y camina hacia la cerca o lugar donde sabe que el peatón va a pasar. Después corre de un lado a otro a lo largo de la cerca ladrando como loco y se detiene cuando el peatón se aleja.

Es mucho más fácil corregir si lo haces al principio de la serie de eventos que ocasionan la mala conducta, o sea al principio de la respuesta en secuencia: deja que tus niños jueguen y utiliza el momento en que el hijo que está ganando se burla del otro, este es el momento adecuado para poner todo bajo control. Si dejas pasar más tiempo se va a hacer difícil corregir. Es lo mismo con tu perro, corrígelo cuando se ponga alerta para ladrarle al peatón. Puede ser que los ladridos crónicos de tu perro no sean parte de una respuesta que viene encadenada a una serie de eventos, puede que solo sea que escucha un sonido y ladra histéricamente, pero vale la pena que observes.

Repaso del entrenamiento antiladridos:

  • Cada vez que tu perro ladre sin razón, ve hacia él y castígalo. Sin excepciones.
  • Asegúrate de que el castigo que estás usando sea efectivo con tu perro.

  • Ve a castigarlo donde esté, no lo llames.

  • Ve inmediatamente después de que ladre.

  • Aplica el castigo por el tiempo que sea necesario, hasta que se convierta en un maestro de buena conducta.

  • Al castigarlo actúa como si fueras un perro dominante.

  • Sé consistente para que el perro aprenda que su mal comportamiento le trae siempre una consecuencia inevitable y automática.

  • Elimina todo lo que esté reforzando el mal comportamiento.

  • Cuando el perro este callado prémialo con tu presencia y afecto.

Tu perro va a aceptar tu derecho para decidir lo que está bien o mal en cuanto te reconozca como el miembro dominante de la relación. No va a resentir el hecho de que lo castigas por algo que él sabe que hizo mal, siempre y cuando tenga la certeza de qué es exactamente lo que va a suceder en el castigo, y de qué forma lo puede evitar la siguiente vez. Si te aseguras de esto tu perro no se va a traumar con la experiencia.

Debes definir muy bien lo que está bien y lo que está mal. Esto lo haces reforzando frecuentemente el buen comportamiento y corrigiendo sin excepciones el malo. Muy pronto no va a haber necesidad de castigar, en poco tiempo se va a portar bien de forma constante. Recuerda, tu perro definitivamente es un animal lo suficientemente inteligente para aprender. La pregunta es: ¿Eres tú lo suficientemente inteligente para enseñarle en un idioma que entienda?

Hasta este punto hemos hablado casi exclusivamente sobre como entrenar a tu perro para que no ladre. Ahora, discutamos como entrenar a un perro guardián que cuide tu propiedad inteligentemente.


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