PerrosLadran.net

Esta página es parte de la sección Tu Perro del sitio perrosladran.net


Ir al índice de este artículo

Regresar a la sección 10 del artículo


Sección 11 de 12:
Examinación detallada del proceso de entrenamiento antiladridos para tu perro


Corrigiendo a un perro que ladra cuando no estás

Cada padre de familia sabe esto: los niños se portan de una forma cuando papá y mamá están presentes, pero cuando no están se portan de una manera muy diferente. Esto se debe a que cuando papá y mamá se van, el niño reacciona a las nuevas circunstancias, se comporta en tal o cual manera con la finalidad de adaptarse y lograr "sacarle jugo" a su nuevo ambiente. Cuando tú sales de la casa, tu perro se encuentra de pronto en una situación donde sus ladridos no son castigados.

Puedes evitar que tu perro ladre cuando no estás poniéndole un collar electrónico. Eso lo mantendrá callado por el tiempo que estés ausente, pero que quede claro que esto no es un método de entrenamiento. Estos aparatos solo le enseñan a tu perro a estar callado cuando el collar o el bozal estén en su cuerpo. Si las baterías se gastan, si logra quitarse el collar o le remueves el bozal, el perro continuará su fiesta de ladridos. Lo mejor es que entrenes a tu perro.

La forma de entrenar a tu perro para que no ladre mientras estas ausente es la siguiente: tómate un día libre o un fin de semana que tengas tiempo, haz como que te vas al trabajo, quédate por allí agazapado para que el perro no te vea y cuando empiece a ladrar sal de tu escondite y agárralo en "la movida".

Lo mejor sería si te tomaras el día libre del trabajo o al menos una parte de la mañana. Pon tu alarma y levántate a la hora usual, vístete y sal de tu casa a la hora en la que normalmente te vas al trabajo. Maneja tu carro un par de calles, estaciónate y regresa caminando a tu casa. Tu perro tiene un excelente sentido del oído y reconoce el sonido de tu auto, no creas que es un burro, ¡es un perro! , si te estacionas en la casa de al lado sabrá que todavía estas allí. También ponte listo cuando regreses a tu casa después de estacionar tu auto, si tus pasos son normales se va a dar cuenta, así que regresa como ninja.

Asegúrate de traer un libro para entretenerte mientras esperas, porque puede que tu perro no empiece a ladrar inmediatamente. Puedes acelerar el proceso si haces ruidos o cosas que tú sabes hacen ladrar a tu perro. Por ejemplo: si le ladra a los sonidos de las puertas, o al sonido de los niños puedes crear los sonidos. El punto es que en cuanto ladre tú sales, lo castigas e inmediatamente te vas. El perro va a empezar a creer que tu siempre sabes que es lo esta haciendo, tipo los Santos Reyes, Santa Claus o Dios, ¿no?

Si vives cerca de tu trabajo, y tienes la posibilidad, puedes pedirles a tus vecinos que te hablen por teléfono en cuando tu perro empiece a ladrar, o bien, puedes encontrar alguien de confianza, algún miembro de tu familia que

Capta y corrige el problema, entre más pronto mejor

El asunto se va a poner más difícil entre mas tiempo dejes pasar. Empieza a entrenar a tu perro desde el momento en que lo compres o lo adoptes, no importa si es un cachorro o si lo adoptaste siendo adulto, empieza su entrenamiento desde el instante que cruza la puerta de tu casa. La mejor forma de resolver problemas es no crearlos.

El castigo no debe convertirse en un trauma psicológico

Una de las mas grandes equivocaciones del ser humano con respecto a los castigos, es que se cree que deben causar trauma psicológico. No es el castigo en sí lo que es traumático, es el hecho de que el problema se deje crecer al grado que el castigo se vuelve el único camino para arreglar la situación.

Si metes la mano al fuego la respuesta que vas a recibir será negativa (te vas a quemar y te va a doler un montón). La naturaleza nos castiga por tocar el fuego, no nos traumamos por la experiencia porque aprendemos que el fuego es predecible. Sabemos lo que el fuego nos puede y no nos puede hacer, adaptamos nuestra vida y nuestro comportamiento de tal manera que tenemos la posibilidad de usarlo sin ser castigados por él.

Una vez cuidé a un perro Labrador por unas semanas mientras sus dueños salieron de la ciudad. Las primeras dos semanas el perro y yo pasamos casi cada minuto del día juntos. No lo castigué, aunque estaba entrenándolo en obediencia muy intensamente (casi todo el día). Creo que el Labrador pensó que yo jamás lo castigaría, sin importar lo que hiciera.

Un día de esos estábamos jugando a las luchitas, de alguna forma quedamos cara a cara sentados en el suelo. En la emoción, el Labrador me mordió la cara. El perrito lo hizo jugando y no me mordió fuerte, ni siquiera me dejó marca, pero cualquier tipo de mordida facial es demasiado peligrosa para tolerar. Mi política en este aspecto es muy estricta, un perro no debe morderte, especialmente en la cara. Así que muy a mi pesar dije "NO" y le di un golpecito en la nariz con dos de mis dedos. El perro se quejó y se alejó como si pensara que lo iba a volver a hacer.

Unos días después ocurrió de nuevo. Estábamos jugando y quedamos mirándonos cara a cara. El perro me mordió la cara de nuevo por segunda vez. Yo dije "NO" y le di otro golpecito en la nariz, exactamente como la vez pasada. Pero esta vez el perro no se quejó o se alejó triste, no movió ni un músculo. Sabía que no habían posibilidades de que yo lo castigara de nuevo, a menos que él me mordiera de nuevo. Se sentó allí observándome, su expresión facial y lenguaje corporal decían: " me estoy divirtiendo de lo lindo, sigamos jugando, ¿no?" Así que seguimos jugando. Jugamos a las luchitas todo el día y debo decirles que a partir de ese momento el Labrador no me volvió a morder.

La moraleja de la historia es que el Labrador sabía exactamente porqué fue castigado y sabía que tenía otra posibilidad: no morderme. El perro quedó en posición de decidir si quería morderme o no. Se dió cuenta de que su acción fue lo que me llevó a parar el juego y castigarlo, era como si se hubiera castigado a sí mismo, exactamente como si pusieras tu mano en el fuego y te quemaras. No tenía miedo del castigo porque entendió que él propició mi respuesta negativa.

Si golpeas a tu perro sin razón, por cualquier cosa sin importar lo que haga y solo porque te da la gana, puedes estar seguro de que lo vas a traumar. Un castigo que es predecible y puede ser evitado no se convierte en un trauma psicológico.


Ir a la Sección 12 de este artículo

Ir al índice de este artículo


Esta página es parte de la sección Tu Perro del sitio perrosladran.net