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Sección 4 de 12:
Examinación detallada del proceso de entrenamiento antiladridos para tu perro


Improvisando un plan que funcione

Recuerda: para terminar con un problema de conducta uno de los elementos esenciales es la eliminación de todo aquello que esté fortaleciéndolo. El reforzador de conducta que hacía que Oso ladrara era su oportunidad de interactuar con la gente, por eso es que empecé por hablar con la gente que a veces respondía a sus ladridos. Les explique la situación y les pedí que en el futuro no se le acercaran mientras estuviese ladrando, ellos aceptaron sin problemas.

Cuando se elimina todo lo que fortalece la mala conducta lentamente, para que el perro "no sienta el cambio", el resultado es que los ladridos continuarán, siempre en presencia de todo aquello que los solía disparar. Por eso es que me asegure de hablar con todos, absolutamente todos los que estaban envueltos en la situación y de esta manera quitar drásticamente todo aquello que hacía que Oso ladrara. La siguiente parte era lo más divertido. Empecé a premiar a Oso por estar callado, en otras palabras reforcé su buen comportamiento.

Empezamos una rutina. Cada vez que yo salía Oso empujaba la cerca se encaramaba en ella para llegar a la parte en donde yo estaba. Yo le daba una croqueta especial (una pequeña) y después lo acariciaba por 60 segundos mientras le hablaba usando tonos de afecto, usualmente reservados para los bebes. Y después regresaba a mi casa.

Una regla: Cuando uses comida como reforzador de buena conducta, tienes que usar pequeñas porciones, tan pequeñas como una croqueta de comida para perros. La razón es que los perros son propensos a subir mucho de peso y como resultado tener problemas de salud, igual que la gente. Oso era la excepción porque estaba tan flaco como un galgo, ¡lo malo es que oso no era un galgo! Era un perro de pastoreo que necesitaba urgentemente ganar algo de peso. Así que yo le daba la croqueta completa cada vez que salía.

La rutina era salir más o menos cada media hora. Sin embargo me aseguré que Oso no estuviera ladrando por al menos 5 minutos antes de mi salida. Si recibía la comida después de ladrar eso reforzaría los ladridos y estos hubieran incrementado. Por seis días seguimos esta rutina para que Oso la aprendiera.

Una vez al día sacaba la basura, esto requería que saliera por la puerta lateral y pasara en frente de Oso. En esas ocasiones me detenía para darle su usual masaje y conversación, pero nuestra rutina de la basura era especial. Cuando era la "hora de la basura" Oso recibía no una, ni dos, ¡sino 3 croquetas especiales! Esperaba la ceremonia de la basura con entusiasmo, era un gran momento en su día, en serio.

Al llegar a este punto ya había eliminado todo lo que reforzaba los ladridos y había comenzado a darle premios por estar callado. Ahora era hora de iniciar la siguiente fase: Castigar el mal comportamiento.

Me decidí por usar la forma de castigo en la que le quitas a tu sujeto lo que le gusta. En este caso yo retendría la comida que Oso estaba seguro que recibiría cuando yo saliera.

En la mañana del séptimo día Oso ladro y yo salí corriendo y dije "No" en un tono molesto. Después entré a la casa sin darle la croqueta que esperaba le diera. Dudo que mi tono de voz lo haya impresionado pero estoy seguro de que no le gusto para nada la forma en la que entré a la casa: sin darle de comer. En los siguientes minutos solamente salí para atender sus ladridos y retener la comida más tiempo. Por otro lado Oso se dio cuenta casi inmediatamente que si estaba callado las visitas eran mas frecuentes y cada una de ellas le traía cariñoso contacto físico y comida.

Oso estaba localizado en la ventana oeste de mi casa. Yo podía ver por la ventana del sur a los peatones caminando por la banqueta en dirección este/ oeste. Los veía antes de que Oso se diera cuenta. Así que cada vez que veía gente acercándose, salía corriendo a donde Oso estaba, le hablaba bonito y lo acariciaba mientras que guardaba en la otra mano una jugosa croqueta especial. Si le ladraba a la gente que pasaba, decía: "No" y caminaba hacia la casa sin darle la comida. Si en cambio se mantenía callado le daba la comida y continuaba la conversación y el masaje.

Si Oso ladraba fuerte y por mucho tiempo (una violación a la regla de increíbles proporciones) yo inmediatamente sacaba la basura, me coordinaba para decir "NO" mientras Oso estaba en medio de un ladrido. Cuando terminaba con la basura entraba a la casa llevándome conmigo las tres croquetas, las ponía de tal forma que Oso las viera.

Estoy seguro que fue muy duro para Osito ver esas croquetas desaparecer dentro de la casa. El perro sabía que solo hasta el día siguiente tendría otra oportunidad para deleitarse con un premio de tres croquetas. También sabía que si no hubiera ladrado estaría comiendo algo delicioso en vez de estar ahí parado observando como me alejaba.

La frecuencia de los ladridos disminuyo rápidamente. Oso ya no tenia interés en ladrar porque de hacerlo, ya no socializaríamos con él. En la nueva regla la gente solo venía a socializar cuando estaba en silencio. Los dueños salían a alimentarlo dos veces al día pero nunca reaccionaron a sus ladridos ni de una forma ni de otra. Por lo tanto Oso ya no tenía ninguna razón para ladrar, en cambio tenía muchísimas razones para quedarse callado. En 8 días los episodios de ladridos se fueron de cientos a sólo unos cuantos ladridos a la semana y muy pronto dejó de ladrar completamente.

Nos hicimos muy buenos amigos rápidamente. Por el resto del tiempo que viví en esa casa salí cada media hora mientras estaba despierto. Me quedaba con Oso uno o dos minutos y en ocasiones durante la noche me desviaba de mi camino al baño para mostrarle mi afecto. Osito era un compañero si igual: tierno, amoroso y agradecido de las pequeñas cosas que uno hacia por él. El me relajaba y yo lo tranquilizaba. Nos dimos mutuamente el regalo de la amistad.


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