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Sección 2 de 12:
Examinación detallada del proceso de entrenamiento antiladridos para tu perro


Si quieres algo bien hecho

No me agradaron mis opciones. El ruido me estaba volviendo loco pero estaba comprometido con un contrato de renta para la casa. Por otra parte de haber podido mudarme me hubiese costado mucho, las rentas en general estaban altas, los otros lugares eran demasiado caros. Estaba segurísimo de que si presionaba a los vecinos para que se responsabilizaran del perro, la vida en el vecindario se convertiría en el campo de batalla de la Tercera Guerra Mundial. Supe que aun si trataba de dialogar con ellos, si trataba de hacerlos entender, al final, después de toda la presión , las molestias y el esfuerzo, era muy probable que el perro continuaría en la misma situación, afuera , solo y ladrando.

Ya estaba trabado en una lucha intentando conseguir que mi otro vecino entrenara a su perro. Cada encuentro con ese señor fue desagradable e improductivo. La última cosa que quería hacer era tener que pelear con dos dueños irresponsables simultáneamente. La única forma en que podía terminar con el dilema era si yo, personalmente, entrenaba a Oso, pero eso me presentaba otra sarta de problemas insuperables.

No es broma, entrenar a un perro para que no ladre es muy simple. Solo le das un golpecito o te aseguras que algo desagradable pase inmediatamente después de cada ladrido. Si esto lo aplicas el suficiente tiempo, el perro dejará de ladrar. Pero no iba a ser tan simple con Oso.

No vi posibilidades de que los dueños de Oso me permitieran entrenarlo, así que no pedí permiso. Como mostraban tan poco interés en el perro supuse que si lo entrenaba no les importaría para nada, al menos no lo suficiente para meterme en problemas. Y por supuesto, no quise darles la oportunidad de prohibirme hacerlo.

Dado que iba a entrenar a su perro sin permiso necesitaba tener muchísimo cuidado para no pelearme con ellos. Me imagine que si por casualidad miraban hacia fuera y me veían en su propiedad, especialmente en su propiedad disciplinando a su perro se enojarían y yo estaría condenado a un infierno de ladridos por los muchos meses por venir.

Así que, ¿cómo entrenas a un perro que no puedes disciplinar o castigar de ninguna forma y ni siquiera te está permitido entrar a la propiedad donde está?

Este no es un tipo de problema en el que fácilmente te encontrarás, pero aun así quiero iniciar mi explicación del entrenamiento antiladridos hablándote sobre mi intervención con Oso, para que de esta forma asimiles que han habido 70 años de ardua investigación sobre el mecanismo del condicionamiento operante. Sabemos porqué los perros se portan como se portan, porqué hacen lo que hacen y desde hace un buen tiempo conocemos las técnicas para cambiar y redirigir su comportamiento.

Corrigiendo el comportamiento de tu perro

Presta mucha atención a esta sección, porque si comprendes lo que voy a decir estarás en camino de asimilar el mecanismo fundamental que gobierna el comportamiento animal. Hay una fórmula que consiste de tres elementos indispensables que puedes usar para corregir malos comportamientos. Si la empleas apropiadamente, el resultado será que convencerás al perro de que ladrar es demasiado problemático y no vale la pena. Al mismo tiempo vas a hacer que el perro disfrute dejar de ladrar. El mismo método funciona también con los humanos. Si aprendes bien podrás controlar por completo el ambiente del perro, funcionará sin fallas. Aquí esta la fórmula.


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